Soberanismo volumen 1: Destrucción digital creativa

Koty
21 min readMar 27, 2021

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Una serie de ensayos en 12 volúmenes, escrita por Robert Breedlove, que exploran la disrupción digital del ‘‘estado-nación’’ y la posterior amplificación de la soberanía individual durante la era digital. Esta serie está basada en la obra maestra de 1997: El individuo soberano.

Bitcoin es un nuevo paradigma global en la auto-organización humana.

Destrucción digital creativa

‘‘La tecnología está avanzando mucho más rápido que nuestra habilidad para entender sus implicaciones. — Ken Goldstein’’

El estatismo es un sistema de organización socioeconómico que se originó en la Era Industrial. El estatismo incluye todas las implementaciones estatales del capitalismo, comunismo, fascismo y todos los demás -ismos que puedan aplicarse al Estado; no se refiere a estas ideologías en ningún sentido puro. Las implementaciones de tipo estatistas surgieron en el siglo XX, cuando el único modo conocido de organización humana sostenible era un Estado-Nación jerárquico, y controlado centralmente. Al igual que el feudalismo, el cual cayó a manos de la imprenta de Gutenberg, el estatismo se ha quedado atrasado frente a las realidades tecnológicas de su época. En pleno siglo XXI, la digitalización está devorando todas las implementaciones tecnológicas ineficientes: desde los medios de comunicación y las citas, hasta la publicidad y los viajes. En la esfera estatista, las herramientas digitales están dejando anticuados a los estados-nación analógicos, al empoderar radicalmente a las personas de maneras novedosas y profundas.

Todos los estados son moldeados por la tecnología. La humanidad está en una búsqueda constante de modos más eficientes de auto-organización desde el punto de vista energético, para preservar la productividad generada por la división del trabajo, mientras se minimizan los gastos requeridos en materia de seguridad. Este es el propósito de la sociedad. Al subdividir el trabajo cada vez más profundamente, el tesoro mundial de conocimientos de la humanidad se enriquece cada vez más; informando así sobre el desarrollo de mejores herramientas y sistemas. A medida que el hombre ha logrado modos más descentralizados de asegurar la propiedad y las personas, hace surgir nuevos estados: el mundo ha sufrido una larga progresión desde la tiranía del antiguo Egipto hasta las democracias representativas de la civilización occidental. En unísono con estos “cambios de fase” socioeconómicos, se liberan grandes cantidades de energía creativa en forma de productividad, ganancias y acumulación de capital. La optimización para la elección individual es la estrategia de mayor eficiencia energética para la organización socioeconómica. El capitalismo superó al comunismo (destruyendo a la URSS en el proceso) por esta precisa razón: las reglas adoptadas voluntariamente (mercados libres) no incurren en los mismos costos de aplicación y seguridad que los sistemas con reglas impuestas (mercados no libres).

El triunfo del capitalismo sobre el comunismo es el clásico proceso schumpeteriano de “destrucción creativa”, en el que la innovación hace obsoletas las herramientas y los sistemas más antiguos y menos eficientes energéticamente, liberando energía para su asignación a otros objetivos. Tras este proceso destructivo pero creativo, brotan formidables beneficios económicos. Considere, por ejemplo, que se necesitaron 84 veces más horas-hombre (energía humana) para construir la Gran Pirámide de Giza que el rascacielos Burj Khalifa en Dubái, pero debido a la especialización del conocimiento de la modernidad, el Burj se encuentra en la asombrosa cifra de 830 metros — 7 veces más alto que la antigua pirámide. Un testimonio espectacular del capitalismo moderno (aunque marginado), el Burj Khalifa se construyó en órdenes de magnitud más eficientemente que la Gran Pirámide de Giza (498 veces más alto por hora-hombre).

Los sistemas socioeconómicos que mejor preservan la productividad, asegurando eficientemente la división del trabajo, ganan.

Como sistema socioeconómico, el capitalismo asigna energía de manera más ingeniosa que el comunismo. El bienestar organizacional se maximiza cuando se prioriza la soberanía individual. El capitalismo hizo esto bien, pero se vio obstaculizado por la intervención estatal en las esferas monetarias y legales. Aún más hondamente arraigado en los principios del libre mercado, el soberanismo promete ser un asignador de energía incomparable hacia la mayor satisfacción de los deseos humanos.

Energía es Verdad

Si desea encontrar los secretos del universo, piense en términos de frecuencia, vibración y energía. — Nikola Tesla”

Aprovechar la energía para la autogeneración es el objetivo de toda vida. En los sistemas fuertemente enlazados, la energía es convertida en trabajo mecánico de forma más eficiente . En los sistemas físicos, estos enlaces son moleculares; en los sistemas económicos, estos enlaces son propiedades. Lazos más fuertes equivalen a una mayor eficiencia energética. Las consideraciones de eficiencia energética dan forma a las herramientas y sistemas que la humanidad crea para sí misma. Las estructuras termodinámicamente sólidas, aquellas que maximizan la utilidad de una energía absolutamente escasa, tienden a verse favorecidas en la competencia del mercado libre. Los enlaces más fuertes se traducen en una mayor capacidad de potencia: la capacidad de retener energía a lo largo del tiempo sin disiparse. En un universo donde la vida compite continuamente por su parte de energía finita, el despilfarro es ruinoso. Como representación más precisa de la realidad, la Energía es la Verdad. La conservación de la energía, entonces, es la conservación de la verdad, la clave del éxito en condiciones competitivas para organismos y organizaciones por igual.

El comercio y el dinero son fundamentales para la organización socioeconómica. Las personas intercambian su energía para producir los frutos del trabajo. El dinero es el medio a través del cual las personas intercambian energía. Idealmente, el dinero es tan escaso como la energía necesaria para producir los frutos del trabajo al que reclama. Como sistema operativo de la capa base de la cooperación humana, este dinero “termodinámicamente sólido” tendría profundas implicaciones en los sistemas socioeconómicos que sostiene. Tal medio monetario tendría que ser tan agnóstico a las maquinaciones políticas y a las acciones criminales, como la realidad termodinámica de la escasez energética absoluta que asegura. Deteniendo la asignación de energía humana a la “gestión” (más exactamente, politiqueando sobre el poder de gestionar) de la oferta monetaria, la humanidad libera así sus energías para construir estructuras socioeconómicas más sólidas sobre la base inquebrantable del dinero inmutable.

La guerra es la continuación de la política por otros medios. — Clausewitz”

El dinero termodinámicamente sólido establecería un “territorio neutral”, donde lo único que importa es cuánto puedes contribuir a la productividad de la sociedad. El rango militar, la afiliación política y la proximidad a la imprenta como determinantes de la posición en la jerarquía de riqueza global, serían eliminados en gran medida. Al darle a la sociedad una fuente de verdad indiscutible en torno a la cual puede auto-organizarse, la excesiva violencia en el mundo se desincentivaría y desfinanciaría. Cuando las reglas no se pueden doblar y el dinero no se puede confiscar fácilmente mediante medidas políticas, la búsqueda de la cooperación pacífica se convierte en la estrategia más productiva. El dinero inmutable debilita la política y su continuación clausewitziana: la guerra.

El ascenso del soberanismo

‘‘Todos los derechos humanos se pueden resumir en una sola palabra: elección’’.

Como ya habrás adivinado, este dinero ideal, termodinámicamente sólido y apolítico, es Bitcoin. Con tan sólo 12 años, se perfila como disruptor digital de una de las herramientas más antiguas e importantes del mundo: el oro. Bitcoin viene a ser un cambio tectónico en la organización humana. El oro es el sistema operativo monetario de capa base con más de 5000 años de historia para todos los sistemas modernos de gobernanza humana: un antiguo sistema de soberanía que ha sido corrompido por la banca central. Al romper el dominio centralizado sobre el dinero al interrumpirlo en la capa base, Bitcoin nos obliga a una renovación total de los sistemas socioeconómicos derivados del dinero, incluido el estado de derecho, los derechos de propiedad privada y diversas formas institucionales. Nadie sabe qué forma tomará esta transición mega-política, pero ciertamente emergerá orgánicamente de abajo hacia arriba, ya que el control de arriba hacia abajo sobre este paradigmático nuevo sistema de soberanía simplemente no existe. Para decirlo claramente: Bitcoin es una innovación monetaria trascendental que permite un nuevo modo de organización humana fuera del estado-nación, una forma “purificada” de capitalismo libre de interferencia del estado-nación, y que merece su propio neologismo. Llamemos soberanismo al nuevo modo de organización socioeconómico habilitado por el dinero digital cifrado.

Bitcoin impulsa una revolución en la organización socioeconómica conocida como soberanismo

Para explorar a fondo las implicaciones del soberanismo, comencemos con el primer principio inviolable de la socioeconomía: el hombre debe actuar. La acción requiere energía e implica un propósito, ya que toda toma de decisiones consciente implica el intento de lograr un objetivo. Los objetivos del hombre son siempre hacia el alivio de la ansiedad (lo que los economistas austríacos llaman la “satisfacción de los deseos” o la “reducción del malestar”). La humanidad es la especie dominante en la Tierra porque usa tecnologías y sistemas organizativos para canalizar energía a través del espacio-tiempo con más inteligencia y hacia propósitos más profundos que cualquier otro animal. Nuestros objetivos superiores requieren la canalización de energía a escalas espacio-temporales mayores, con más sofisticación y con mayor precisión. Si se utilizan correctamente, las tecnologías y los sistemas socioeconómicos nos ayudan a aliviar las ansiedades con mayor facilidad. Las herramientas amplifican la fuerza de nuestros esfuerzos laborales, aumentando la relación entre los resultados y la energía gastada. En los sistemas de organización socioeconómicos, como lo son el capitalismo, el socialismo y, ahora, el soberanismo, emprendemos una acción concertada para intensificar la producción colectiva mediante la concentración de la atención individual en fases de producción cada vez más estrechas (las ganancias de productividad resultantes de la división del trabajo). En este sentido, las herramientas son organizaciones y las organizaciones son herramientas: ambas son útiles para mejorar el propósito general de la vida humana: la ejecución de acciones destinadas a aliviar la ansiedad. Las herramientas y las organizaciones que mejor se adaptan a la conservación de energía ganan con el tiempo.

Las herramientas y las organizaciones son medios para canalizar la energía de manera más inteligente a través del espacio-tiempo. La represa hidroeléctrica y el estado-nación tienen esto en común: ambos son reservorios diseñados inteligentemente y asignadores de energía; la represa para la energía hidráulica del agua y el estado-nación para la energía metabólica, política y productiva de las poblaciones. Ambas, al menos temporalmente, aprovechan y canalizan el ataque entrópico de la naturaleza (ecológico y humano). Pero al final, ambos dan paso a las tendencias descentralizadoras de la misma naturaleza que buscan contener: el agua siempre fluye hacia los lugares más bajos y la gente siempre se auto-organiza de la manera que más favorece a sus intereses económicos.

Las últimas herramientas creadas por el hombre para descentralizar el poder lejos del control institucional de arriba hacia abajo son las organizaciones digitales de código abierto, como las que componen las muchas capas del conjunto de protocolos de Internet. Wikileaks, la Primavera Árabe, las protestas por George Floyd son solo algunos ejemplos que demuestran que Internet representa una gran amenaza para las estructuras de poder centralizadas. Los movimientos sociales como este son meros temblores del colapso del estado-nación que se avecina. Siendo el único dinero digital no estatal, Bitcoin es la capa de valor de Internet, el primer competidor viable del sistema de soberanía que históricamente se le proporcionó al oro.

La quinta capa: (en azul) Enlace: Coloca paquetes de datos en el cable. (En verde) Internet: encamina paquetes de datos a través de las redes. (En rojo) Transporte: Mantiene la comunicación a través de cualquier conversación. (En amarillo) Aplicación: distribuye archivos de software y aplicaciones. (En anaranjado) Transferencia de valor: Asigna recursos escasos a través de las redes. Bitcoin es la capa monetaria del conjunto de protocolos de Internet, un sistema de soberanía competitivo con el oro. Créditos de la imagen: @anilsaidso

Una extensión del ecosistema de Internet auto-organizado; Bitcoin es la primera organización digital autónoma del mundo. Estas formas organizativas son la forma más avanzada de armonizar la fuerza de voluntad individual y colectiva. Una organización digital como Bitcoin es autónoma y, si es necesario, puede dividirse en caso de que las diferencias políticas amenacen la cohesión organizativa (consulte el caso de Bitcoin Cash). Como un sistema intrínsecamente más adaptativo, fluído y volitivo para asignar energía socioeconómica a través del espacio-tiempo, Bitcoin supera a la organización de código cerrado, analógica y obligatoria de los Estados-nación.

Bitcoin es un sistema de soberanía indiscutible que concilia los intercambios individuales realizados dentro del colectivo socioeconómico. Obvia la necesidad de estados-nación y existe con absoluto agnosticismo frente a los sistemas de ley y orden creados por el hombre que lo incubaron durante sus primeros años. Apalancándose en el poder de la naturaleza humana y los incentivos como dos de sus componentes operativos indispensables, Bitcoin aprovecha la energía humana para escalar su red. Como sistema de minimización de pérdidas para almacenar y transferir los frutos del trabajo, la oferta monetaria fija de Bitcoin genera su propia demanda (validando así la Ley de Say) a medida que se saquea cada vez más riqueza a través de la inflación. Esta es la razón por la que todos terminan eventualmente en la cuenta nómina de Bitcoin. Ahora está surgiendo una nueva generación de ciudadanos globales: habitantes cuya influencia, voz y capital pueden trascender completamente la localidad y sus diversas autoridades locales. La compulsión finalmente cede paso a la civilización a medida que asciende el soberanismo.

Gobernanza del mercado libre

El microprocesamiento subvertirá y destruirá al estado-nación. — El individuo soberano’’

El soberanismo tiene éxito al reducir los beneficios económicos tradicionalmente asociados con la violencia y la coerción. Los ciudadanos exigirán garantías contractuales y de propiedad con la misma integridad que las ofrecidas por Bitcoin, de lo contrario no se desprenderán de su dinero. De la misma forma que el convocar a un extraño para que sea su conductor privado por la noche parecería una locura hace 25 años, la tecnología digital continuará cambiando la naturaleza de la confianza y la interacción humana. Pero cuando el dinero se digitaliza, las implicaciones son más significativas. Las capacidades de firma múltiple (‘‘multi-sig’’, en inglés) de Bitcoin ya se están explorando como un medio para facilitar la gobernanza de contratos privados independientemente de los tribunales estatales. Esto tiene el potencial de convertirse en una alternativa descentralizada al sistema de justicia tradicional [estatista]. Dado que el dinero ya no puede ser censurado o robado, las estructuras socioeconómicas desarrolladas sobre este sistema operativo de capa base aprovecharán el cifrado para luchar por una resistencia a la censura que sea equivalente.

Pero como todos los nuevos nacimientos, la transición a este estado descentralizado de incomparable civilización está destinada a ser complicada. Cuando disminuyen los beneficios económicos de organizar la violencia a gran escala, los modelos de negocio basados ​​en la protección contra la violencia (gobiernos y estados-nación) necesariamente se encogen y se vuelven más localizados. Esta vuelta de tuerca macroeconómica del péndulo significa que la violencia se tornará a pequeña escala y aleatoria: similar a lo que prevaleció en la era (verdaderamente descentralizada) de los cazadores y recolectores. Al igual que las dietas paleolíticas, el yoga, la meditación, la medicina ayurvédica, los enteógenos e incluso Bitcoin (que es el dinero austríaco por antonomasia), el soberanismo es otro ejemplo de cómo las formas [e ideas] antiguas están resurgiendo en la era digital.

Las formas antiguas, como el yoga, la meditación, la medicina ayurvédica, las dietas paleolíticas, los enteógenos e incluso la economía austríaca (Bitcoin), están resurgiendo en la era digital.

Tan seguro como cuando el capitalismo superó al comunismo, el soberanismo superará al estatismo en todas sus formas. Al empoderar la libertad individual de formas radicalmente nuevas, las sociedades que se adhieran a principios organizativos consistentes con el soberanismo (privatización industrial amplia, desburocratización, impuestos consensuados/[tarifas], Bitcoin, etc.) generarán más riqueza que las economías de mando y control de estados-nación más rígidos, y al mismo tiempo atraerán a más ciudadanos. Las jurisdicciones más competitivas significan menos tolerancia por el despilfarro burocrático. A medida que los ciudadanos se den cuenta de esta nueva realidad, la obsesión moderna por la política estatal se convertirá en una reliquia del pasado.

Contrario a los errores conceptuales modernos, la economía impulsa la política; la política no impulsa la economía. La pluma del legislador no crea riqueza, solo puede distribuirla. A medida que las burocracias políticas crecen hasta el punto de ser insostenibles para sus economías productivas subyacentes, la desesperación hará que explote la extralimitación del gobierno, lo que obligará a los actores del mercado a proteger sus riquezas como sea posible. Así, en el siglo XXI, el capital no encontrará un dominio más inexpugnable que el digital. A medida que el capital huye al dominio digital para escapar de la creciente inflación y de los impuestos, los ingresos del gobierno caerán rápidamente, lo que hará que se fragmenten y fracasen. Como resultado, es probable que aumente el alcance del crimen organizado durante esta transición. En realidad, el estado-nación es el “crimen organizado”, el aparato de coacción y coerción destinado a aislar las ganancias de productividad generadas por una división pacífica del trabajo. Los sistemas legales y policiales protegen a los actores del mercado de las amenazas endógenas contra la fuente económica del libre comercio, mientras que los militares neutralizan las amenazas exógenas. El estado-nación fue la mejor forma de la sociedad del siglo XX de ejercer la violencia para preservar la paz.

Los 10 principales países en gasto militar, 2019

Aunque las realidades tecnológicas del siglo XXI cambian significativamente el cálculo de la violencia. Dado que el capital digital no puede incautarse de forma unilateral a través de impuestos o inflación, el nivel de servicios de protección que los estados-nación realmente brindan llegará a reflejar [al fin] sus verdaderos costos de producción a lo largo del tiempo. En otras palabras: en la era digital, los estados-nación se verán obligados a competir y ganarse la lealtad de sus ciudadanos, como cualquier otra empresa de libre mercado y, por lo tanto, solo podrán cobrar tarifas de mercado por sus servicios (cada vez menos necesarios). Los sistemas legales y policiales tradicionales requeridos para hacer cumplir la ley contractual, preservar los derechos de propiedad y el mantenimiento de la paz de la era industrial pueden encontrarse rápidamente frente a la irrelevancia en un mundo donde estos servicios se prestan de manera más eficiente mediante redes digitales auto-organizadas. Unido al colapso de las capacidades fiscales de los gobiernos, muchos de los servicios antes proporcionados por el estado perderán frente al software.

Darwinismo digital

La eficiencia se volverá más importante que los dictados del poder en la organización de las instituciones sociales. — El individuo soberano”

A medida que los estados-nación flaqueen, las barreras de entrada, participación y salida del mercado también caerán, lo que exacerbará la competencia del mercado libre y la generación de riqueza. En los mercados hipercompetitivos habilitados digitalmente, predominan las distribuciones de la ley de poder y proliferan los efectos del ganador se lleva todo: Facebook, Apple, Amazon, Netflix, Microsoft y ahora Bitcoin, son todos ejemplos de este paradigma digital darwiniano. La elección y la experimentación se convertirán en las variables definitorias de la redefinición de la organización socioeconómica. Se probarán, fallarán y se repetirán nuevos modos de asegurar la vida, la libertad y la propiedad. La amenaza constante de la fuga de capitales hacia un espacio digital inalcanzable obligará a las instituciones que deseen sobrevivir a tratar con los ciudadanos con honestidad. Cuando los gobiernos sean desmaterializados por el software, se volverán casi irreconociblemente ágiles, innovadores y fragmentarios. El cifrado envuelve a los estados-nación en ácido digital: disuelve incluso sus estructuras de poder más rígidas y transforma sus estructuras de incentivos desde dentro. Solamente quedarán las funciones gubernamentales más productivas y responsables. Con las restricciones de localidad disminuidas en gran medida, sólo los servicios más valiosos obtendrán capital y atención de los clientes. La meritocracia que reemplazará a la burocracia es distintiva del soberanismo.

La digitalización hace que los resultados importen más que los decretos, lo que significa que el mérito ascenderá en la jerarquía social de valores. Un mundo en el que se eliminen todos los límites espacio-temporales se convertirá en una “época de excelencia”. Por ejemplo, ya no es suficiente ser la mejor banda de versiones de tu ciudad: gracias a YouTube, ahora debes ser la mejor banda de versiones del mundo, todo el tiempo, para competir con éxito por la atención de su público objetivo. ¡Las bandas de covers deben incluso competir con la banda original en una era definida por los medios digitales! Cuando las demostraciones de ventas se llevan a cabo a través de medios digitales en lugar de en persona, los ejecutivos solo desplegarán a sus vendedores más expertos, sin importar dónde vivan. Las barreras burocráticas minimizadas maximizarán la promoción del mérito y mitigarán la interferencia política en los negocios.

Con menos que ganar con el uso de la fuerza, la eficiencia se vuelve más importante que la magnitud en términos de canalizar la energía a través del espacio-tiempo. Cuando la eficiencia triunfa sobre la ordenanza de esta manera, las instituciones se desintegran y reorganizan, y las ganancias económicas resultantes se acumulan en gran medida en la “élite cognitiva”, que presagia con éxito y se prepara para los cambios mega-políticos que se están produciendo. Aquellos que sincronizan sus asuntos para adaptarse a este zeitgeist digital fluido, sin fronteras y auto-organizado (en gran parte, al estar entre los primeros en mover sus ahorros a Bitcoin y diversificar sus opciones de ciudadanía) destronarán a los “capitalistas despiadados” de la era industrial. para coronarse a sí mismos como los “soberanistas sofisticados” de la Era Digital.

La tecnología digital amplía el alcance de las posibilidades humanas, haciendo que la manifestación de la imaginación de los soberanistas en todas sus formas multifacéticas parezca factible. La transmisión de video, las comunicaciones encriptadas y el dinero imparable permiten al hombre “doblar el espacio-tiempo” a su voluntad. Pero, junto a estas capacidades avanzadas, hay nuevos costos y riesgos. La falta de redes de seguridad social y otros programas de bienestar del gobierno obligará a las personas a ser más responsables de lo que estaban acostumbrados a ser en las Edades Agrícola e Industrial (en lo sucesivo, las Edades Analógicas). Los soberanistas exitosos serán aquellos que encarnen la sabiduría eterna de Voltaire:

Un gran poder conlleva una gran responsabilidad.

Sin duda alguna, los soberanos que estén a la altura de las circunstancias serán puestos a prueba, ya que los estados-nación lucharán en un intento por retener sus poderes tradicionales sobre las poblaciones. Los estados-nación perderán influencia sobre los “individuos soberanos” auto-emancipados, quienes estarán armados con la enorme opcionalidad otorgada por las redes digitales, los mercados y el capital. La extorsión selectiva y cada vez más desesperada puede convertirse en el arma predilecta de los gobiernos fallidos. Solo aquellos soberanistas que dirijan la mejor seguridad operativa sobrevivirán a tales medidas militaristas. A medida que se cierne la realidad de un futuro digital existencialmente amenazante, es poco probable que los estados-nación tomen medidas en la subsiguiente lucha por el poder, como se describe en El Individuo Soberano:

“Así como los monarcas, señores, papas y potentados lucharon sin piedad para preservar sus privilegios acostumbrados en las primeras etapas del período moderno, los gobiernos de hoy emplearán la violencia, a menudo de tipo encubierto y arbitrario, intentando detener el reloj. Debilitado por el desafío de la tecnología, el Estado tratará a las personas cada vez más autónomas, a sus antiguos ciudadanos, con la misma crueldad y diplomacia que ha mostrado hasta ahora en su trato con otros gobiernos”.

Por más que se esfuercen, los estados-nación sucumbirán al software. Luchar contra el libre flujo de datos es tan inútil como luchar contra la marea.

La explosión de las represas

En la era digital, las amenazas de violencia física, que han sido el alfa y el omega de la política desde tiempos inmemoriales, disminuirán. — El individuo soberano”

Los estados-nación, como las represas, solo pueden interrumpir el flujo inexorable de las tendencias auto-organizativas de la naturaleza durante un período de tiempo. A medida que la capacidad tributaria se desploma, se producirán el achicamiento de economías de escala, lo que hará que los estados-nación más pequeños sean más competitivos económicamente y, por lo tanto, atractivos para los soberanistas. Los destellos de esta transición ya son evidentes, en ciudades como Miami anunciando programas de residencia para atraer a emprendedores con visión de futuro (enlace en inglés abajo).

Debido a una variedad de avances tecnológicos, las ventajas de escala en un combate se verán disminuidas. Temáticamente, la digitalización reduce el tamaño que las organizaciones deben alcanzar para ser efectivas en el uso de la violencia. Las armas se pueden imprimir en 3D, se pueden lanzar drones antiaéreos baratos, los piratas informáticos pueden paralizar a los ejércitos y se puede movilizar capital sin dejar rastro. Las asimetrías de costo y efecto resultan paradójicamente en estructuras de poder más simétricas. Cuando el costo de la defensa se desploma, las estrategias ofensivas se vuelven menos lucrativas.

En esta (re-)descentralización de la soberanía, el mundo experimentará una reversión a una simetría de violencia que se vio por última vez durante la era de los cazadores y recolectores. Sin embargo, esta reversión generará (algo contradictorio) más paz en equilibrio, ya que a veces el poder de tomar una acción es más importante que tomarla realmente. De manera similar a la amenaza constante de fuga de capitales que obliga a las instituciones a ser más honestas en sus tratos, la amenaza constante de violencia localizada fomentará la interacción pacífica entre soberanistas a gran escala. Equipados con armamento avanzado que les permite “superar su peso” en comparación con los estados-nación, las ventajas en combate se acumularán para las organizaciones más versátiles y adaptables. La igualdad de acceso a los armamentos, que se pueden descargar en el espacio digital o que se pueden comprar en mercados libres de obstáculos, significa que los soberanos se mostrarán cortésmente entre sí. Aunque atractivo a nivel civilizatorio, lograr esta simetría de poder implica una reconfiguración de las estructuras institucionales, un evento que probablemente exhibirá una gran turbulencia: como la naturaleza que restablece el equilibrio al reventar una presa.

Las estructuras no adaptables nunca resisten la prueba del tiempo. Como el modo más adaptativo de auto-organización socioeconómica, el soberanismo supera a todos los demás.

Una mayor simetría y menos incentivos para la violencia significan menos asesinatos en masa, menos tiroteos en las escuelas y menos guerras a manos del gobierno. Sin embargo, los soberanistas aún enfrentarán amenazas como la extorsión y el rescate, que los estados-nación pueden ejercer indiscriminadamente mientras luchan por seguir siendo relevantes mientras se disuelven en una inundación de ácido digital. Aumentará la demanda de protección contra gobiernos fallidos. La seguridad operativa (opsec) será de suma importancia para cualquier persona con medios. Es probable que los detalles de seguridad privada se vuelvan cada vez más comunes entre los soberanistas. Se abandonarán las identidades asignadas por el estado y se adoptarán alias. A medida que la tecnología digital revolucione a la humanidad en todos los aspectos, nuestras leyes se volverán anticuadas, nuestras instituciones se invertirán, nuestra moral se reformará y nuestras percepciones se alterarán permanentemente. El soberanismo sacudirá la (ilusoria) sensación de estabilidad socioeconómica derivada de los monopolios violentos y presagiará un colapso total del modelo organizativo del estado-nación del siglo XX, fuertemente politizado. Como lo dice El Individuo Soberano:

“Las fuerzas del mercado, no las mayorías políticas, obligarán a las sociedades a reconfigurarse de formas que la opinión pública no comprenderá ni acogerá con agrado. Mientras lo hacen, la visión ingenua de que la historia es lo que la gente desea que sea resultará tremendamente engañosa.”

Un contra-argumento popular al surgimiento del soberanismo habilitado por Bitcoin es que “los estados-nación nunca lo permitirán”. Esta línea de pensamiento es intrínsecamente defectuosa, ya que considera que los Estados-nación son organizaciones individuales, indivisibles y autónomas. En verdad, los estados-nación son (más o menos estrechamente) constelaciones entrelazadas de individuos conectados a través de intereses económicos comunes, redes comerciales, similitudes socioculturales o afiliaciones geopolíticas. Los estados-nación no son agregados socioeconómicos singulares, como asumen falsamente los modelos mentales de muchos disidentes. La autoridad que mantiene unidas a estas organizaciones obsoletas se deriva, de nuevo, (ya sea directa o indirectamente) de su participación accionaria en el único sistema de soberanía analógico del mundo: el oro. A medida que el nivel de servicio de estos complejos estatales disminuyen en relación con su costo, los incentivos para que los ciudadanos individuales salgan de estos monopolios monetarios impuestos violentamente aumentarán proporcionalmente, causando una eventual “carrera por las salidas” hacia Bitcoin. La policía estatal, los jueces y los reguladores enfrentarán estas presiones en sus roles como ciudadanos, y solo los más estúpidos o patrioteros ignorarán las presiones económicas para abandonar los fallidos sistemas fiduciarios. A medida que los funcionarios estatales influyentes comiencen a adquirir Bitcoin, se alinearán con su éxito, y las estructuras de poder que unen a cada estado-nación se disolverán de adentro hacia afuera. La auto-soberanía es una demanda incesante y universal en el mercado libre; y con Bitcoin, los ciudadanos le dirán esta verdad al poder de manera inmutable.

<<‘’Nos hemos mudado hacia una sociedad en la cual somos forzados a vivir nuestras vidas al desnudo frente al poder’’. — Edward Snowden. Los Estados le temen a Bitcoin porque obliga a sus poderes a estar desnudos frente a la verdad. Incluso hoy, una suave piedrecilla de Verdad, disparada con una sincera intención, puede hacer que Goliat caiga.>> El soberanismo verá a las estructuras de poder de los Estados-nación enfrentarse al desnudo ante la verdad.

Aunque esta transición podría parecer alarmante y potencialmente caótica, el juego final del soberanismo es una explosión de riqueza y un florecimiento humano acorde a raíz de la disolución del Estado-nación. Las organizaciones digitales auto-organizadas se convertirán en el mayor testimonio conocido de la destrucción creativa schumpeteriana en la historia. La ruptura de la represa del Estado-nación, un complejo de artificios, confiscación y reclutamiento [para la guerra] , desatará el ingenio humano en una medida prácticamente incomprensible. Si esta tesis resulta cierta, la historia considerará que Internet fue simplemente un requisito previo para la innovación de Bitcoin: el verdadero avance catalítico en la conversión de la civilización al soberanismo.

El soberanismo eclipsará al estatismo en el siglo XXI. Esta transición mega-política ya está en marcha y sus consecuencias son cada día más evidentes. En el volúmen II, examinaremos a Bitcoin como catalizador del soberanismo. Bitcoin, que funciona como “el último banco extraterritorial” para los soberanistas del siglo XXI, es la innovación clave en un mundo que se sumerge rápidamente en las aguas ingobernables de la alta mar digital.

Gracias por leer Soberanismo Volumen 1: Destrucción digital creativa.

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